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Erick Gerardo Alegre
Pintor de Sonrisas
La sonrisa de Carlos

Llegar a este lugar no es nada fácil, el sitio es considerado zona roja y las caras nuevas despiertan el interés de los malos de la zona. Para verlos tuvimos que esperar a que terminen su desayuno. Recién a las 09:45 am, vamos al segundo piso para conocerlos. Ellos están esperándonos con ropas desgastadas, miradas perdidas y una sonrisa incompleta.

Se escucha de fondo un vals peruano, mis ojos quieren soltar un par de lágrimas, pero recuerdo las palabras de la encargada. “Lo único que les pido es que no lloren con ellos, eso no les ayuda en nada”. Así que, sin pensarlo dos veces, me sacudo las lágrimas y empiezo a saludar a los presentes.

Luego de hacer el saludo general, me paro en una esquina creo que debería de retirarme. Me siento débil, solo quiero llorar -pienso- pero la amabilidad de ellos hace que recapacite. Al costado del ascensor veo a un hombre con gorra color azul, casaca delgada, pantuflas desgastadas y un bastón en la mano.

Me mata la curiosidad porque está con la mirada baja, parece que no quisiera que lo vean a los ojos. No lo pensé más y decidí acercarme. Empezamos a charlar, era una voz desgastada pero con ideas muy claras. Me habló de política, sociedad y muchos temas más pero me seguía matando la curiosidad por ver quién era.

Al principio veía que de rato en rato se tomaba los ojos. Luego de unos minutos conversando levantó la mirada, allí me di cuenta que uno de sus ojos no estaba bien y, luego de escuchar su historia, comprendí que tenía un problema ocular.

Pasan los minutos y me doy cuenta que escucha mejor del otro oído, así que no lo pienso más y paso al otro lado. De nuevo, empiezo a sentir que quiero llorar. Es que mientras me contaba su historia, sus aventuras y sus experiencias, se sentía una gran nostalgia en el lugar.

Tiene 67 años, una sobrina que lo visita de vez en cuando y es aprista de corazón. Me comenta con voz muy animada que debería de escuchar radios como la Crónica, filarmónica, entre otras. Estas son su mejor medio de información por la dificultad visual que tiene. Ya entramos en confianza y me cuenta sus aventuras de secundaria y sus viajes al interior del país.

Ya son las 11:00 am y parece que sus historias no terminan, estoy muy contento escuchándolo. Alrededor veo a más personas como yo que entraron en confianza y sonríen con ellos, sus sonrisas están incompletas pero se llenan con la compañía que le damos.

Mientras los veo, quiero volver a llorar pero recuerdo las palabras de la encargada. Solo pienso una y otra vez que no quiero que me olviden, no quiero que me dejen en un lugar así, pero sé que hay muchas personas que no tienen a nadie y que su única solución es esta.

Este sábado conocí la sonrisa de Carlos, la sentí sincera. Lo ayudé en lo que pude y traté de hacerle recordar sus mejores momentos. Tengo sentimientos encontrados porque aquí en este asilo están los olvidados, las personas que viven de caridad y me duele mucho saber esto pero es nuestra realidad.

Agradecí que mi padre y mi madre estén bien, se les vea tan vivos teniendo casi la misma edad de los presentes. Agradecí que mi media mitad me comentara sobre esta ONG. Agradecí que existan personas que integran Pintando sonrisas. Agradecí que el destino me dé otra oportunidad para poder acompañarlos.

Ya casi son las 12:00 am y es momento de partir todos nos vamos despidiendo. Carlos me da la mano y agradece mi visita, me dice que me espera dentro de un mes. Prometo que haré todo lo posible por regresar, le digo con una gran sonrisa. Hago lo mismo del inicio y empiezo a despedirme de todos. Casi al final, una señora me toma de la mano y me dice que regrese entre lágrimas, me parte el alma.

He pasado por muchas cosas en mi vida pero nunca una experiencia tan fuerte como la de este voluntariado. Verlos allí fue bastante duro. Espero y quiero volver.

Si es que llegaste hasta aquí puede que te interesen historias como las de Carlos y tantos otros adultos mayores. Si es así, inscríbete en esta ONG y pon de tu parte, te aseguro que ser un pintor de sonrisas es un voluntariado duro pero harás feliz a alguien que lo necesita.

Gracias Pintando Sonrisas, regresaré.

Erick